domingo, 6 de marzo de 2011

Hoy he corrido un maratón

 

Este es el día de San Crispín.
Todo aquel que sobreviva a este día y vuelva sano y salvo a su casa,
se izará sobre las puntas de los pies cuando se mencione esta fecha,
y se crecerá por encima de sí mismo al oír el nombre de San Crispín.
Todo aquel que sobreviva a este día y llegue a la vejez,
cada año, en la víspera de esta fiesta, invitará a sus amigos
y les dirá: «Mañana es San Crispín».
Entonces se subirá las mangas, y, al mostrar sus cicatrices,
dirá: «Recibí estas heridas el día de San Crispín».
Los ancianos olvidan, pero incluso quien lo haya olvidado todo
recordará aún las proezas que llevará a cabo hoy.
Y nuestros nombres serán para todos
tan familiares como los nombres de sus parientes
y serán recordados con copas rebosantes de vino:
el rey Enrique, Bedford y Exeter,
Warwick y Talbot, Salisbury y Gloucester.
Esta historia la enseñará todo buen hombre a su hijo,
y desde este día hasta el fin del mundo
la fiesta de San Crispín nunca llegará
sin que a ella vaya asociado nuestro recuerdo,
el recuerdo de nuestro pequeño ejército,
de nuestro pequeño y feliz ejército, de nuestra banda de hermanos.
Porque quien vierta hoy su sangre conmigo
será mi hermano; por muy vil que sea,
esta jornada ennoblecerá su condición.
Y los caballeros que permanecen ahora en el lecho de Inglaterra
se considerarán malditos por no estar aquí,
y será humillada su nobleza cuando escuchen hablar a uno
de los que haya combatido con nosotros el día de San Crispín.

William Shakespeare, Enrique V, acto IV, escena 3ª

1 comentario:

  1. Qué pasa Iván, se te ha quedado muerto el Blog desde que hiciste la gesta, y eso es una pena...
    ¡Vamos, persigue tu sueño!

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